Revista SAP Nº 13

Argentina

¿Se puede hablar de problemáticas clínicas actuales?
Dossier: La acción terapéutica.

Fecha de Publicación: 08/2010

Editorial

Presentamos un nuevo número de nuestra revista. Cuenta con tres secciones principales, la primera representa el trabajo de nuestra institución, estando dedicada al tema de las problemáticas clínicas actuales. En la segunda sección publicamos un nuevo dossier, habiendo elegido este año el tema de la acción terapéutica en psicoanálisis. Está formado por cuatro artículos que se extienden a lo largo de cincuenta años.

Nos interesa destacar la satisfacción de editar uno de los artículos de Hans Loewald (1906-1993), psicoanalista escasamente conocido en Latinoamérica durante su vida y poco aceptado en su país de adopción. Su obra debió esperar largo tiempo para ser incorporada por la comunidad psicoanalítica. Actualmente diversas revistas han publicado alguno de sus trabajos. Este resurgir de sus aportes nos lleva a presentar breves datos de su autor y de su inclusión en el contexto de su época.

El trabajo de Loewald que presentamos en castellano, considerado por muchos el principal –otros lo adjetivan como seminal e innovador, “ciertamente, uno de los más importantes de la segunda mitad del siglo XX” (Nancy Chodorow)– se titula On the Therapeutic Action of Psychoanalysis y fue publicado en 1960. El autor lo presenta a la revista de su propia sociedad: Journal of the American Psychoanalytic Association, quien rechaza su publicación. Cuenta Balsam que una noche, charlando con su marido y Loewald sobre este trabajo “nos dijo, con alegría y pícaro deleite: “ el que J.A.P.A. rechazó” (p.1122). En la Biblioteca de Yale se guarda una carta firmada por Charles Brenner, representante de J.A.P.A. en los años ’50, con un reclamo muy suave del comité de revisión, que permite imaginar que hay cierto intento de ignorar el artículo. Este rechazo hace que se publique en el International Journal of Psychoanalysis, con cuya autorización lo editamos en español.

Tal vez como reparación, J.A.P.A. publica en Diciembre de 2008, a los quince años de la muerte de Loewald, una amplia sección escrita por diferentes autores (Nancy Chodorow; Teodoro Jacobs; Lawrence Friedman; Rosemary Balsam; Ellen Pinsky; David Miller y Joel Whitebook) dedicada a su legado, de donde tomamos algunos datos. Loewald nace en Kolmar (actualmente Colmar, Alsacia, Francia), en ese momento administrada por Alemania. Es hijo de un médico judío interesado en dermatología y en psiquiatría –que muere muy poco después del nacimiento de Hans– y de una destacada pianista, quien lo cría en Berlín. Stephen Mitchell y más recientemente Frances Lang (2008) mencionan amorosamente la leyenda de que Hans, […] acostumbraba acostarse debajo del piano cuando su afligida madre tocaba sonatas de Beethoven” (Balsam, 2008, p.1121). Lo cierto es que su madre siempre estuvo muy cerca de él, incluso siendo grande. La misma autora, doctoranda de Loewald, considera que sus escritos sobre el vínculo madre-bebé trasuntan con elocuencia esa situación y Mitchell y Lang imaginan allí la fuente de este material. Pero, nos agrega Rosemary Balsam, también hay que tener presente que sus dos hijas nacieron y se criaron durante esos tempranos días en New Haven, en los últimos años de la década del 50 y los primeros de la del ’60, donde el vínculo de su esposa con ellas pudo haber sido el modelo de referencia.

Volvamos a Berlín. Estudia allí filosofía con Heidegger en la Universidad de Friburgo y queda muy atraído por el “giro lingüístico” que éste aporta a aquella disciplina. Trabaja con él hasta que Heidegger se asocia al Partido Nacional Socialista, momento en el que abandona Alemania. Se radica en Roma donde estudia medicina y psiquiatría y de donde emigra nuevamente en 1939 hacia Estados Unidos, luego de un intento frustro por conseguir la nacionalidad francesa. En el instituto de Baltimore, Washington, hace su formación psicoanalítica. Sus primeros trabajos son de los años 50. Rápidamente sobresale en la institución a pesar de oponerse al positivismo de la época y de ser sumamente crítico de la psicología del yo. Su formación filosófica le permite una lectura muy sutil de la obra de Freud, a la que contribuye, según Chodorow, en casi todos los tópicos de la teoría psicoanalítica. Tanto privilegia el lenguaje que retraduce algunos textos freudianos para recuperar sutilezas de su lengua materna. Hay dos correcciones a la traducción de Strachey muy recordadas: “Donde el ello estaba el yo podrá advenir”, sustituyendo al “estará” y “elaboración” (“working through”) que reemplaza a “atención asociativa” (“associative working over”). Rosemary Balsam, que al terminar su tesis de doctorado sigue trabajando con él como profesora asociada en la cátedra de psiquiatría de la Universidad de Yale, y con quien también comparte la vida institucional en el Western New England Institute for Psychoanalysis, nos hace una descripción, impregnada de cercanía, de algunas de las características de su personalidad. Destaca su gran capacidad de escucha receptiva y de respeto al pensamiento del otro, y señala que esta virtud favoreció el desarrollo de diferentes perspectivas psicoanalíticas entre aquellos que fueron conmovidos por la profundidad de sus enseñanzas. Delgado, de pocas pero incisivas palabras, muy directo, nunca se iba por las ramas; de aspecto austero pero de gran caballerosidad, tenía también un guiño travieso y una gran disposición para percibir y utilizar el humor. Disfrutaba de la vida en familia, el escuchar música y la actividad solitaria de escribir. A pesar de su brillantez no era una persona carismática formadora de escuela o de discípulos; la brillantez y apertura mental no le hicieron perder su privacidad. Era, también, muy contrario a las divisiones políticas en la sociedad psicoanalítica. Como dato anecdótico, Balsam cuenta que le gustaba manejar autos rápidos y que ella lo recuerda en su BMW amarillo.

En la compilación citada se describe un Loewald freudiano, con una lectura muy sutil de la obra de Freud, caracterizada como “no oficial”, dando por existente una lectura oficial. Sostienen que frente al dualismo freudiano Loewald imagina el establecimiento de una nueva relación entre esos dos términos, que busca la integración de ambos en una síntesis más amplia, diferenciada y flexible. En su comprensión el primero no es derrotado por el segundo. Plantea un enfoque científico del mundo y del sí mismo, representado por una síntesis superior entre el inconciente y el preconciente, entre la razón y el afecto, lo desarrollado y lo primitivo, la cognición y la fantasía. Nos habla de la posibilidad de una óptima comunicación entre fantasía y realidad, inconciente y preconciente, en pos de la búsqueda de una psique que avance en la integración e intercomunicación de sus diferentes estratos.

Su profunda internalización de la obra de Freud le permitió alternar entre ser un conservador y un revolucionario. Mantenía con Freud un vivo diálogo interior y Balsam cita una comunicación personal que le hiciera Braxton McKee, quien relaciona ese intenso vínculo con la muerte temprana del padre, atribuyéndole el lugar de un diálogo sustitutivo, casi como una suerte de compañero imaginario. Quiero compartir las tres áreas en las que Rosemary Balsam considera reside lo esencial de su obra:
• la unión de la madre y el hijo como crisol de la creación psíquica. Plantea una psique que nace como incrustada en la interacción entre ambos. Su paradigma fue la fenomenología de una madre y un niño en el amanecer de la vida que, al entender de Lawrence Friedman, invita a imaginar el modo en que una madre, lentamente, introduce el mundo real en la inquietud global del infante, estableciendo un puente entre su comprensión detallada y compleja del mundo y la gestáltica y unitaria de aquella relación primordial. Surge así un proceso continuo de avance y retroceso donde en cada paso hay una pérdida de esa totalidad global, una creciente separación del mundo y un grado de distanciamiento de ese no pensamiento inmediato de la experiencia. En este proceso nada es totalmente dejado atrás y nada permanece igual. Esta creación de la estructura mental totalmente vinculada a la propia creación del mundo es considerada un equivalente del “funcionamiento reflexivo” de Fonagy. Basado en esta misma dialéctica, Loewald significa la relación psicoanalítica como una relación interpersonal, siendo la interacción con el analista el motor del cambio.
• la aceptación de los elementos más básicos de nuestra naturaleza animal como el dar y el tomar de la crianza, las luchas por la independencia, el sobrevivir transformador como parte integral del remontar vuelo de la mente en su capacidad de creación y sublimación;
• la consideración de la psique como capaz de desarrollar logros momento a momento. Tenía devoción por la idea del fluir continuo de elementos, que supone una idea de la mente en constante acto de creación. Esto le permite a Loewald aceptar un vivir pre edípico en el mundo “inferior” del narcisismo, idea valiente en un momento en que predominaba una actitud peyorativa hacia las personas con psicopatología narcisista. También acepta las jerarquías que para él están profundamente arraigadas en la naturaleza del aparato psíquico, en sus diferentes niveles de integración. Gradiente de desarrollo jerárquico que Loewald plantea como medio interactivo indispensable tanto para el crecimiento psíquico como para el cambio terapéutico.

Muchísimo podría escribirse de esta rica sección de la revista de J.A.P.A. dedicada al legado loewaldiano, pero nuestra intención es ofrecer un breve contexto donde insertar la lectura del artículo que presentamos y del que destacamos algunas ideas: el aparato psíquico como un sistema abierto; el mayor dinamismo de la teoría estructural; la creación de la mente del infante como necesitada de otra mente con mayor nivel de integración; lo propio para la situación psicoanalítica; la anticipación del futuro del hijo como imagen de los padres que es internalizada en la mente del niño y a partir de la cual crece; su equivalente en la situación analítica; el analista como nuevo objeto, como co-actor en la escena psicoanalítica; la interacción entre estructuras de diferentes niveles de integración en el establecimiento del desarrollo o la reactivación de éste; el lugar del análisis de la neurosis de transferencia y del psicoanálisis en general como un proyecto de convertir los fantasmas del inconciente en antepasados a los que el psicoanálisis aquieta, los hace descansar, les retira el poder y transforma a éste en las nuevas intensidades de la vida presente.

Yendo ahora al trabajo de Greenberg, el mismo fue elegido por la manera interesante de plantear la relación entre objetivos psicoanalíticos y acción terapéutica, de donde desprende la tensión del analista; el de Borgogno por la clínica sutil que presenta. Resta hablar del porqué del trabajo del grupo de Boston. Si la acción terapéutica remite a los procesos de cambio resultantes de la interacción analista-analizando, nos parecía una deuda con nuestros lectores no incluir algún trabajo de este grupo que, específicamente, investiga estos cambios además de utilizar los avances de las neurociencias y de la investigación del desarrollo temprano.

La tercera sección es un homenaje al maestro y amigo Gregorio Klimovsky. Luego de unas emocionadas palabras de Eduardo Issaharoff publicamos dos trabajos actuales sobre el tema psicoanálisis y verdad pensados desde un marco teórico que él sin duda podría haber compartido. Uno pertenece a Charles Hanly, actual presidente de la IPA, quien luego de plantear los tres criterios de verdad elaborados por la filosofía y de referirse al sentido que en psicoanálisis tiene la idea de intersubjetividad, nos muestra la necesidad de alejarnos de la comprensión posmoderna de este concepto y de tener en cuenta los tres criterios de verdad si es que en el psicoanálisis buscamos verdades realmente transformadoras. El autor del siguiente trabajo es David Bell para quien también el psicoanálisis sólo es pensable desde la modernidad, idea que sin duda compartía Gregorio Klimovsky.

No quiero cerrar esta nota editorial sin agradecer a quienes han colaborado en la realización del presente número. En primer lugar al Comité Editor por sus sugerencias. A los traductores, miembros y candidatos de nuestra institución: Carolina Hoffmann, Sebastián Politi, Silvia Koziol, María Alejandra Rey y Cristina Panno; y Natalia García, miembro del equipo del Profesor Borgogno, a quien también le agradecemos la supervisión de la traducción de su trabajo. Los miembros del equipo editorial supervisamos las otras traducciones. Un agradecimiento especial a Sebastián Politi por su excelente colaboración en la corrección de muchos de los trabajos, y a Ignacio Mancini por su valiosa intervención en las búsquedas bibliográficas y en la indización de los trabajos aquí presentados. Desde ya agradezco a los autores, a los referatos y a las editoriales que autorizaron la publicación de los artículos traducidos.

Alicia Casullo
Buenos Aires, agosto de 2010

 

INDICE

Editorial

1. ¿Se puede hablar de problemáticas clínicas actuales?


2. Dossier: La acción terapéutica


3. Epistemología y Psicoanálisis: Homenaje a Gregorio Klimovsky


4. Libros y revistas

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